Admiro en Cordero su constante búsqueda de nuevos retos y encuentros, su dominio de la teoría del color y sobre todo su dibujo, la arquitectura de la pintura cuando ella es buena, ambientada además con una textura deliciosa, lograda con maestría, que no rivaliza con el color sino que se integra con él hasta formar la obra de arte que todo pintor aspirar lograr.
Antonio J. Molina Crítico de Arte, AICA
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