Por: José Antonio Pérez Ruiz
La colección hoy mostrada por Damián Antommarchi posee un geometrismo que emplea como recurso para resaltar los elementos compositivos extraídos de sus realidades existenciales. No obstante, al delimitar artificialmente las representaciones entra en escena un elemento abstraccionista destinado a deslindar las figuras para dejarlas ver dentro del marco propio de nuestras limitaciones humanas.
En ese sentido, las concepciones se ajustan a los rigores que nos salen al paso en el diario vivir. Todo el conjunto, ha sido realizado tomando en cuenta la medida de los poderes y limitaciones del ser racional. Establece así ambientes a través de los cuales podemos establecer contacto inmediato por que responde a requerimientos vitales.
Damián administra y hace evolucionar un legado artístico hasta alcanzar expresiones impactantes. Palpamos en él la formalidad que se traduce en devoción hacia su producción artística. Fusiona las enseñanzas del expresionismo y la abstracción geométrica para alojar figuraciones que pacientemente las va desarrollando a fin de llegar a un lenguaje sintético, sin entrar, hasta el momento en consideraciones minimalistas. De igual manera, el tratamiento que da a los matices le lleva a originar densidades atmosféricas gradificadas hasta convertirlas en presencias gaseosas.
Puede así, traer a las telas variaciones telúricas que muchas veces son alteradas por las circuntancias predominantes al momento de concebidas. Sabe dar rienda suelta a los brochazos sin alterar los impulsos iniciales aún cuando entran en acción variantes de color. Preserva la sustancia composicional, tan vital para que un cuadro pueda trascender. Ha internalizado imágenes hasta el punto de otorgarles el toque de lo sublime. La exposición de Damián Antommarchi en Galería Pamil es a mi juicio muestra del gran potencial del artista. Creo que los coleccionistas deben considerarle y seguirle los pasos. |