Exposition Details

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Octubre 2005 

Equilibrio










Equilibrio
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La Carta
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Reflexion
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Sol y Dos Lunas
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EL ARTE DE SABER EQUILIBRAR
 


Una obra simbólica, trasciende a la presentación formal de los símbolos. Estos, cuando son utilizados sin hondura, no son más que formulaciones convencionales. Pierden su carga simbólica. Pero cuando una obra pictórica supera la materialización de los símbolos, deja traslucir significados ocultos, incita a la develación de estos posibles códigos, y encontramos que estos recursos formales son parte de la manifestación visible de un contenido condensado, cifrado, propio del misterio de lo simbólico.


Las obras de Annette Turrillo presentan pautas definidas, que aseguran las posibilidades interpretativas de nuestra lectura. Y a la vez, las ocultan. Esta dualidad es la que la hace fascinante. No cabe duda que lo femenino ocupa el sentido total de su obra. Y esta representación que se hace nítida, se devela en medio de atmósferas como fragmentos de cuerpo o de rostros, que condensan algo más que lo que su representación indica. Trascienden a lo simbólico.


Al develar y ocultar, la artista pone en funcionamiento una energía que despierta nuestros sentidos o bien nos sitúa en un estado contemplativo ideal para el recogimiento. Todo en total equilibrio. En esta encarnación del equilibrio, elemento esencial de su trabajo, se conjugan fuerzas que se oponen pero que son a la vez las que dinamizan la vida: por una parte, se trata de una obra fundamentalmente lumínica porque por la luz, el cuerpo –y el alma de la mujer–, se develan y representan la imagen de la feminidad como un valor absoluto y trascendental. Por el otro, se produce un ocultamiento porque por medio del color –predominantemente terroso– la materia pierde solidez, se oculta, se fragmenta. Curiosamente los cuerpos fragmentados se presentan con un dibujo impecable, con rigor renacentista y con la firme voluntad de manifestar la solidez y sensualidad de la materia, mientras que su desfasamiento se hace por medio de la mancha, atmósferas creadas por medio de la factura pictórica. En los rostros, por otra parte, se produce una mayor concentración espiritual, mientras que los cuerpos imprimen mayor sensualidad. En esta oscilación entre opuestos hay una necesidad de hacer balance y encontrar en la pintura el perfecto equilibrio.

Susana Benko
Investigadora de Arte
Miembro del AICA


 






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